Corremos sin ton ni son, huyendo de aquello que el recuerdo hace temer. La pausa, la perspectiva. Abrirse a mirar, por una vez, de un modo distinto puede cambiarlo todo.
Cierra los ojos y conecta con el sonido de mi voz.
¿Cuáles serían las palabras que te invitarían a entrar en tu refugio interior?
En un lugar desconocido, aparentemente inhóspito. Se oye el sonido de las gotas de agua caer en el suelo de aquella cueva.
Cada sonido rebota entre aquella pared de roca húmeda y fría.
¿Cómo entrar?
Desde fuera me acerco sin atreverme a entrar. Una punzada en el corazón me aleja de la idea.
Aunque, interpreto cuanto me atrevo a escuchar que es lo contrario.
Pues mis pies deciden dar el paso por mí.
¿Qué habrá en aquel lugar?
Mi pensar, asustado y temiendo lo peor entra en su circuito favorito.
Miles de imágenes se forman en la pantalla de mi mente.
No obstante, esta vez algo es diferente.
Una escena alternativa surge entre ellas, llamándome la atención.
Parece un cortometraje en morse.
“Entra”, dice la bella figura.
Desconfiada arrugo la frente.
Entonces me envuelve una energía cálida en el lúgubre lugar, “Tranquila”.
Sintiendo el pavor entre mis extremidades temblorosas, “¿Por qué? “, me pregunto ante lo que siento, sin poder rechazarlo como las otras veces.
Cierro los ojos y me abrazo pidiendo que marche aquella sensación.
Siento el corazón resonando por todo mi ser.
“Deja de luchar. Permite que fluya”, y con esas palabras como guía, la desgarradora sensación que calaba mi cuerpo, aminoró. Su fuerza se fue relajando hasta que sólo quedó el recuerdo.
Tras ella una calma inusual.
- ¿Qué es esta serenidad?
- Luchando contra la corriente impedías ver las otras opciones.
- Pero, sonaba tan fuerte que dolía -dije indignada.
- Levantaste un muro que tu propia voz impedía escuchar; de algún modo, había que liberar -respondió con pausa.
- ¿Me estaba engañando yo misma?
- Puede ser. ¿Qué sientes ahora?
En silencio me centré en mi cuerpo. Nada.
Los pensamientos circulaban con calma como si fueran otro fluido en el cuerpo.
- Tranquila -dije finalmente.
- ¿Tienes miedo? -preguntó.
Tardé un instante en responder.
- No, parece que se haya marchado.
- Oh, ¿y a dónde?
- No lo sé.
- ¿Sientes temor?
- Un poco, pero es diferente, no sé cómo decirlo: está sin estar.
- ¿Cómo es eso?
- Como si fluyera.
- ¿Cómo si fuera agua?
- Sí, es extraño.
Al ver mi incomprensión, dejó de hablarme.
Abrí los ojos para ver el lugar. Había cambiado.
La oscuridad se había marchado, dando paso a una cueva llena de minerales con una cálida luz.
¿Qué es esto? ¿Estaba huyendo de este lugar?
Alcé la voz buscando respuesta de aquella mujer que me había acompañado.
- Oh, sigo aquí, bella alma.
- ¿Y dónde estás? ¿Qué es todo esto?
- Sigues en el mismo lugar donde te encogiste, sólo que diferente.
- ¿El qué? -no comprendía.
- Tu enfoque.
- ¿Cómo?
- Permites. Estás abierta a escuchar.
- ¿Escuchar el qué?
Unos labios sonrieron en la imagen que se formó en mi mente.
- A ti. Siempre ha sido así y siempre será así.
- ¿Y la oscuridad que veía?
- ¿Estaba?
- Sí.
- ¿Estás segura?
Dudé por un momento.
- La vi con mis ojos, el frío…
- Hay niebla ante el miedo sí.
- ¿Quieres decir que lo creaba el miedo?
- Puede.
- ¿Y esa ambigüedad?
- Acorde con lo que sientes será.
Tantas incógnitas me agotaban.
- Escucha, joven. Solo eso. Mira y ve con claridad. Sin juicio, sin miedo.
- Pero lo tengo.
- Y está bien.
- ¿Entonces?
- Escúchalo. El miedo es eludir la incomodidad, no ella en sí.
- Ah… Entonces…
- Sí, tu miedo es bueno, tu juicio tu barrera. Deja que fluya y verás cómo la cueva se transforma sin cambiar. Habítala y juega con sus ecos para volar.