Mi identidad, ¿cuál es?
A veces me siento perdida
y entonces surge una pequeña chispa.
Basta con recordar quién soy
cuando habito la oscuridad.
Cierra los ojos y conecta con el sonido de mi voz.
¿Quién soy en esta inmensa oscuridad que se presenta ante mí? La que siento tan adentro.
Como si anduviera por una ciénaga y el lodo me aprisionara.
Miro al cielo, pero ninguna luz veo, sólo nubes.
Mi intención es avanzar, pero algo me lo impide.
Algo me agarra sin permitirme llegar a la orilla.
Con el cuerpo frío y mojado me quedo erguida observando desde la distancia la orilla.
Ahí pienso en la de maravillas que puede haber.
Idealizando aquello que desconozco. Creyendo que donde estoy nada tiene que aportar.
Entonces, un pensamiento distinto cruza mi mente como una flecha. ¿Es así?
Miro de nuevo donde me encuentro, parece evidente la realidad. ¿Realmente estoy presa?
Resoplo por la propia presión, tratando de convencerme de no sé qué.
Palpo mi cuerpo. Nada. Ninguna rama.
Trato de percibir la postura del cuerpo.
Todo parece en su sitio. Excepto un lugar que me llama la atención. Los pies.
Agarrotados agarrándose al suelo con fuerza. ¿Y eso? -me pregunto.
Intento moverlos, pero quedaron rígidos.
Empiezo a movilizar el cuerpo. Nada.
¿Es mi cuerpo o es algo más?
Confusa y alterada repaso toda mi existencia sin hallar la causa.
Desesperada me arrodillo con la cabeza gacha.
Entonces, revolotea una pequeña luciérnaga dando vueltas a mi alrededor.
- ¿Quieres salir?
- Si -respondo sorprendida ante lo evidente.
- ¿Seguro?
Me hace dudar. Debería, ¿no?
En ese momento oigo unas palabras que repito sin cesar desde un recoveco de mi mente. Aquí estoy a salvo.
Mis ojos se abren al darme cuenta. ¿Me estaba encerrando yo?
Trato de visualizar un lugar mejor, allí donde quiero ir. Nada.
La chispa de luz con alas me dice: Sana aquí para ir allí.
Claro, moverme desde la huida lleva consigo la huida.
Respiro profundo y desde mi visualizo y siento un enfoque distinto.
Perdí la noción del tiempo hasta que una luz me molestó en el rostro.
El Sol.
Abrí los ojos. ¿Dónde estoy?
Me levanté y apareció de nuevo la luciérnaga, ¿era el lugar o tú?
Solté un suspiro, a mi alrededor se mostraba un prado verde inmenso con un río claro como el cristal.
¿Siempre había estado allí?
Mi cuerpo estaba limpio, ligero y suave. Dejando el que había sido hasta el momento en mi recuerdo.
Nos aferramos a una imagen, una identidad y nuestro alrededor se contagia sin saber cómo cambiar.
En nosotros está decidir evolucionar y continuar.
La luciérnaga tocó mi frente y se marchó jugando en espiral hacia algún lugar.