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¿Cuántas veces seguimos creyendo que nos encontramos en aquel momento?
El tiempo pasa y con el dolor se alivia. Podemos regresar y sentirlo como la primera vez, pero podemos elegir en qué momento estar.
Quita lastre, libera. La cicatriz está y con ella la sabiduría.
Está bien sentirlo, está bien recordarlo. Pero sigue viviendo, aquí, donde te encuentras. Y descubrirás ese aliento que te llena de vida.
Cierra los ojos y conecta con el sonido de mi voz.
Cuando el dolor se hace presente.
Ese desamparo que se abre, mostrando una herida que fue y sigue sangrando en la mente.
¿Cómo sanarla?
Ante ti, surge una pregunta.
¿Quieres soltarla?
El silencio se alza y gobierna el lugar.
¿Qué representa hacerlo? ¿Quién seré si dejo de tenerla?
Una sonrisa en unos labios conocidos y a la vez ajenos al recuerdo.
¿Quién crees que eres en este momento?
Dando pasos hacia donde nos parece que es el adecuado. Llevamos el cuerpo pero aún su sentir está en el banco anterior.
La mente con prisas que a ningún lado llevan, pues ciega es, se olvida del cuerpo.
«Para sanar ningún ritual ni esfuerzo requiere más que sentarte y esperar que llegue el sentir del cuerpo donde estás.
Para que vuelcan a unirse y el paso sea firme con los ojos reales que ven donde están.
Pues el cuerpo sabe sanar lo que la mente predica sin conocer.
Sin importar cual sea el próximo paso, si es correcto o no.
¿Importa?
Aquello que gustes de corazón y te genere una sonrisa en el rostro por círculos parezca que puede dar, será el lugar para volar.
Algunos creen conocer el vuelo sin saber volar, pues sus labios corren más que esas alas con zapos que llevan a cualquier lugar.
La duda es un aliado que podemos usar en el incierto camino.
Mientras el sueño sea profundo y calmado.
¿Qué más da dónde ir? ¿Qué hacer?
Ahora, ¿Qué ves? ¿Qué sientes?».
La imagen presenta donde se halla la herida.
- Ha desaparecido. Ya no está.
- ¿Qué ha sucedido?
- Ha sanado.
- ¿Cuándo sucedió?
- Mientras cantaba y jugaba por el camino.
- ¿Dónde?
- No lo sé.
- ¿Cómo?
- No lo sé.
- Entonces, ¿qué has hecho?
- No lo sé.
Unos ojos cristalinos con el mismo brillo estelar del cielo sonríen y me abrazan sin tocarme.
Sentada en el banco espero mientras escucho una melodía que antes silenciaba.
Una sonrisa se dibuja en mis labios.
Sintiendo que vuelvo a estar unida a una parte de mi que había olvidado, más lenta a mi parecer, pero más firme y segura que la prisa del verbo.
Cierro los ojos y me siento completa de nuevo.
Respiro como si hiciera tiempo desde la última vez.
Me abrazo y unas lágrimas caen por mi rostro.
Gracias, me digo sin pensar.
Un cosquilleo me recorre el cuerpo.
Sin comprender me levanto dejando que mis ojos me guíen y doy un paso.
¿Hacia dónde? Ni idea.
Pero confío en esa parte de mi que me da cobijo cuando no sé dónde estoy.
Ese lugar es mi hogar y me lleva donde mi corazón sabe cantar.