¿Cuál es la esencia de un presente?
Cuanto recibimos está condicionado por como miramos, lo que sentimos y pensamos.
¿Recuerdas?
A través de la mirada inocente de la infancia podemos ver aquello que a veces olvidamos, otras veces ignoramos y algunas descartamos.
Siente, vive. Devuélvete la ilusión por soñar con alegría cuanto llega.
Cierra los ojos y conecta con el sonido de mi voz.
Nuevos comienzos o simplemente oportunidades para ir a otros lugares.
Conocidos en nuestra mente.
Resonando, esperando su oportunidad con paciencia y entusiasmo.
- ¿Cuándo saldré? -pregunta con fervor una tierna ilusión.
Igual que un niño abre los ojos expectantes a ese sueño.
Aquellos dañados pueden verlo como inocencia de la ignorancia. Esperando que despierten esa mirada al mundo que ellos conocen y predican.
Pero este niño, sólo es capaz de escuchar ese sonido, nada más puede oír.
Manteniendo el sueño puro, sin opiniones ajenas.
Con el tiempo adecuado, como cualquier otra cocción espera con paciencia, jugando hasta que el reloj suene, marcando el momento exacto.
Sin pensar en que es pronto, tarde… sabe que es ese el instante adecuado.
Corre a su encuentro, preparado para recibirlo.
Sonríe.
Su presencia ilumina el lugar.
Una energía que sostiene su cuerpo, su ser; ocupa el lugar como otro elemento más.
Con las manos abiertas, recibe un presente.
Abre los ojos y por un instante se detiene ante aquello.
Quien da aquel bien queda a la expectativa, casi retando con su silencio a lo que pueda suceder con su reacción.
Aquella mirada se encuentra con la suya y sin desfigurarse dice: ¡Gracias! Saliendo corriendo para jugar con lo recibido.
La figura queda descompuesta. Sorprendida ante aquello. Casi queriendo recibir lo que otros por costumbre hacían.
Se acerca a la pequeña esencia que juega con alegría y le pregunta:
- ¿No te molesta?
- ¿El qué? -dice sin mirarle, entretenido por el juego.
- Te he dado algo diferente a lo que pediste y esperado tanto tiempo.
- ¿Ah sí?
- Claro… ¿no recuerdas?
- Mmm… Puede ser, sólo recuerdo lo que he recibido cuando lo has dado.
- ¿Y qué es? -confuso no comprendía.
- Este calorcito interior.
- No comprendo.
- ¿Por qué quieres comprender?
- Para saber.
- Oh, pero se sabe, sólo que viene después.
- ¿Después de qué?
- De esto -señalando el pecho.
- No lo entiendo.
El niño sonríe y le abraza. - Gracias.
Aquel cálido contacto eliminó el saber para comprender algo muy sencillo que iba más allá de lo que conocía. Había olvidado. Y aquella figurita le había hecho recordar la esencia de la magia.