Para mi es una chispa que tenemos dentro, parte de lo que somos. Conectar con esa parte nuestra es conectar con la magia, los sueños y la ilusión. Con ello os animo a permitiros soñar cada día, tomar ese canal vuestro y sonreír con esa esencia vuestra que os permite conseguir cuanto anheláis.
Cierra los ojos y conecta con el sonido de mi voz.
¿Qué es la Navidad?
Allí donde se halla la unidad, el anhelo, la ilusión dando lugar a la magia.
Alejado de lo que creemos.
Un estado con el que podemos conectar, al que podemos acceder en cualquier momento.
Siempre está.
Lo llevamos junto a este receptáculo que nos permite sentir e interactuar.
¿Cómo acceder cuándo dejas de creer? Cuando los ojos inocentes desaparecen ante la vorágine de un escenario que devora la imagen del momento.
Tan solo cierra los ojos. Ahí, donde está todo oscuro hay una luz. ¿La ves? ¿La sientes?
Vuelve a mirar. Apaga el ruido. Deja que se aleje.
Eso es. Sigue adentrándote.
Recuerdos de un llanto, una desilusión.
¿De dónde viene?
Te acercas a ese lugar del cual proviene esa emoción.
Recogida sobre sí misma, una pequeña figura.
Con los ojos llenos de lágrimas.
Reconoces a esa figura. Abres los ojos y recuerdas todo.
¿Dónde queda la magia cuando el lenguaje del montaje rechaza esa mirada con la que observabas?
Te sientas a su lado sin tocarla.
Puedes sentir en tu cuerpo la emoción que emana.
¿Esto sentí?
Cerrando tras un velo aquel dolor dejamos que se olvide.
Pero ¿se puede olvidar?
La memoria es silenciosa y sigue surcando los días y las esquinas con cada hoja que se mueve al viento.
“Por aquí, ya pasé”, se dice la protectora del lugar que se yergue para rechazar cualquier dolor.
Cubriendo con una esfera de cristal a la figura. Aislándola.
La guardiana te impide acercarte. Desconfiada, duda de ti para albergarla.
Un último intento.
Alzas la voz esperando que llegue aún con dudas de que pueda oírla.
“Andar contigo…”, son las últimas palabras que resuenan en aquel paraje.
El silencio prevalece y bajas la cabeza resignada.
A tu lado, algo te coge la mano izquierda.
“¿Dónde vamos?”.
Con lágrimas en el rostro te agachas para abrazarla.
Las miradas se encuentran y ves en esos ojos inocentes claridad, nitidez y pureza.
Comprendes que la Navidad despierta algo que para algunos está dormido, otros olvidado y algunos extirpado. Parpadeas y regresas a aquel tumulto de gente.
Luces, jaleo… Prisas por todos lados, enfados, risas.
Todo sucede en el mismo lugar. Sonríes.
Con una mano en el pecho, la misma con la que sabes que conectas con aquella personita que trae ilusión a lo cotidiano, a lo nuevo, por muchas veces que lo hayas visto.
Con otra mirada ves que estás rodeada de pequeñas figuras que juegan a ser adultos en un escenario que ellos mismos han creado.
La magia está en esa mirada. En creer en ese juego que preparaste con la mayor de las ilusiones.
Creer para ver,
Ver para jugar,
Jugar para soñar.