Te doy las gracias por todo lo que has hecho por mí. Por cuidarme, amarme y permitirme ser yo misma. Así como por inculcarme a tener mis propios valores, pues lo que me enseñaste es a hacer aquello que sientes, sin enseñarme a hacer aquello que no sentías porque no iba acorde contigo, más que el qué ha sido el cómo.
Y eso es el mayor regalo.
Puede que la mayoría de veces no comprendiera tu riña, puede que muchas veces no comprendiera tus palabras, así como lo que me mostrabas.
Pero sí me quedó grabado aquello que eres.
Comprender que los padres no son lo que queremos sino lo que necesitamos, que hicieron en todo momento lo mejor que pudieron y supieron cada instante.
Los padres intentan ser la mejor versión de sus padres, y así sigue esta cadena.
Pero los padres al igual que los hijos nos muestran nuestros traumas, heridas, oscuridad, despiertan una parte de nosotros que está oculta.
La distancia, la separación, el vacío que nos genera cuando esa persona ya no está nos hace estar y volver a ese vacío que habíamos olvidado, que teníamos escondido en lo más remoto de nuestro ser.
Gracias a ello, sin tener que vivirlo más tarde y a que sea demasiado tarde, he podido valorar, comprender y reconocer cuanto hacía tu figura a mi día a día, en mi camino.
Ese paracaídas, esa red de seguridad incondicional que está, y muchas veces, la desvalorizamos, la despreciamos, y llega un momento que es demasiado tarde para agradecerlo.
Te doy las gracias por estar ahí, siempre, con ese amor incondicional, que me ha sostenido y guiado a ser quien soy.
Todas las veces que grité, todas las veces que me diste la mano y la rechacé por orgullo, todas las veces que cediste tu tiempo para ofrecérmelo por completo.
Todas esas cosas que di por supuestas que eran mías y siempre estarían para mí.
En el instante en que desaparecieron, fue cuando sentí miedo, soledad, oscuridad a mí alrededor.
Y fue cuando comprendí el verdadero valor de que siempre estuvieras ahí, a mi lado.
Te pido por tanto perdón por haber rechazado y desvalorizado el mayor regalo que puedes tener en esta vida que es el amor incondicional.
Te doy las gracias, gracias, gracias.
Del mismo modo que al igual que he reconocido tu valor también he visto el mío propio.
He vivido, he sufrido, he disfrutado y he caído. Todas estas vivencias las he andado por mí misma y aunque ha sido duro, también me ha ayudado a crecer como persona. Tomando mi responsabilidad.
Aceptando los errores y valorando los aciertos.
Me gustaría que anduvieras a mi lado tal como has hecho, pero en vez de cogerme de la mano dejando que viva, compruebe y experimente la vida desde mi misma.
Libérate de esa carga que ya pasó, ahora te toca seguir tu camino y que yo siga el mío.
Porque las personas se separan pero siempre andan juntas.
Te amo, te acepto, te respeto, te valoro.
Me amo, me acepto, me respeto, me valoro.