Mi pequeña niña, como ayudarte a ver la luz de la vida.
Para nada queremos ver como un corazón quiere dejar de brillar, de latir.
Un corazón viene a mostrar, a enseñar la vida.
El amor, la alegría, el coraje, el miedo. Emociones que hay que sentir pero sin quedarse con el corazón encogido en un puño temiendo el final.
¿Qué sucederá si no llegara el momento?
¿Qué harías con tanto tiempo en pena?
Disfruta cada día.
Todo aprendizaje es lo que venís a contemplar.
Pequeña dulce flor, ¿lo puedes ver?
Temes la luz no la oscuridad.
Conoces la oscuridad pues ya estuviste.
Para ser luz hay que comprender el desapego emocional.
¿Cómo un ángel puede ayudar?
¿Cómo unos padres pueden ayudar sabiendo que su hijo ha de caer para volverse a levantar?
La vida es un regalo no un castigo.
Es tan duro amar como odiar.
Su intensidad es igual de elevada, ambas sirven para aprender y comprender.
La pérdida te ayuda a valorar lo que tenías, el tener te da esa tranquilidad.
Todo es necesario, todo forma parte del cielo de la vida.
Sin incomodidad no habría movimiento, sin retos no habría mérito, sin esfuerzo, ¿qué valor tendría una recompensa?
La balanza de las polaridades.
Atraes lo que necesitas en ese momento que no comprendes.
¿Qué no comprendes?
¿En verdad lo desconoces? ¿O sólo evitas mirar?
Los milagros existen y se producen a cada instante. Una planta que dabas por perdida florece sin saber cómo.
Cuando nadie creía que una tierra podía dar vida, surge de ella ese verdor, ese movimiento.
Este planeta parece una simple esfera que rota alrededor de una estrella, pero te demuestra cada día su vida.
Su tristeza con sus nubes.
Sus cambios con su tierra.
Su furia con sus volcanes.
Su agitación emocional con sus mareas.
Todo tiene vida.
Aunque no la podáis comprender.
Cosas podéis vislumbrar pero aún os cuesta comprender y más conocer.
Vibra alto niña, sólo tú podrás cuidar de ti, sólo tú podrás ayudarte a salir y evolucionar.
Lo de fuera es un escenario que gira una y otra vez. En una eterna danza.