Las palabras pueden oprimirnos o darnos libertad.
La comprensión que tenemos de cuanto nos sucede, vemos, sentimos, percibimos, nos dicen, oímos, incluso, lo que entendemos; nos marcan.
Dejar de leer algo como lo hacíamos hasta el momento, es como dejar de actuar de un modo que veíamos natural para nosotros.
Cuestionar y cuestionarnos es lo que nos ayuda a romper esas cadenas que nos limitan.
Para convertirnos en observadores.
Tal vez aún resulta complicado pensar en ser observadores objetivos sin involucrarnos de modo alguno. Tal vez podamos acercarnos a serlo.
Nos cuesta pensar que las cosas puedan ser diferentes a aquello que hemos conocido hasta el momento presente.
Pues el pasado es el que nos da esa estructura que tenemos cuando nos levantamos por la mañana.
Un niño pequeño no tiene pasado, por lo que nada teme, viene de la nada y sólo observa.
En silencio, el mundo en el que se encuentra.
Según lo que ve y analiza busca como adaptarse para encajar en aquello que ha estado durante tiempo observando como funciona.
El adulto teme el futuro porque conoce el pasado.
Un momento temporal que le condiciona.
En cambio, el niño no teme el futuro porque no sabe lo que es, y el pasado no le condiciona porque no existe.
Sólo vive el presente.
Estar en el momento presente es la libertad de la que disponemos. Según como vivamos el presente nos condicionará, como pasado, al día siguiente.
Tenemos miedo del futuro por nuestro pasado.
Nadie se cuestiona temerle al presente.
¿Por qué?
Es un momento atemporal que marcará los otros tiempos.
Deberíamos tener miedo del presente en todo caso, pero no lo hacemos.
Hay que vivir el presente.
Esa frase no indica que lo desperdicies confiando en que habrá futuro. Sino que lo disfrutes, aproveches y te rindas a él, confiando en que tendrás un futuro y será un pasado que recordarás con gusto. Sin arrepentirte.
¿Cómo vivimos la vida? ¿Cómo deberíamos vivirla?
Tal vez con la conciencia suficiente para estar conformes de como actuamos, aceptando como lo hicimos en el momento pasado y mirando con otros ojos el futuro; pues lo que nos ofrece el futuro es la libertad de tomar decisiones, actuar y vivir las circunstancias que nos ofrece el teatro en el que vivimos; con los ojos de un guionista que con una sonrisa en los labios coge el lápiz y cambia sin temor aquello que cree que puede hacer mejor su obra.
Esa es la fuerza del co-creador.
Escribir el diálogo de los personajes en un ambiente que otro creó.