En la luz de la oscuridad se puede apreciar un tenue candil que busca iluminar.
Con versos desea liberar tensión y temor, habiendo encontrado su propia luz se levanta para intentar dar sus primeros pasos para iluminar el camino.
Un camino lleno de neblina del cual poco conoce y menos sabe a donde va.
Con delicadeza y con cautela se atreve a situarse en él.
Insegura por lo desconocido pero con la firme intención de dar sus propios pasos en él.
A medida que se desliza como si sobre una pista de hielo se tratara empieza a darse cuenta de la luz que desprende.
Inicialmente ésta, era débil, frágil y tenue, pero en ese instante irradia una luz fuerte e intensa, sin cegar nada que se pueda cruzar, pues es cálida y acogedora invitando a encender la luz propia.
Aferrada a la máscara que portaba por temor a soltarla y ver lo que conlleva hacerlo.
Boicoteando mi propio andar.
Evitando mostrar quien soy en verdad.
Todo cuanto he vivido, sentido y aprendido debe integrarse, fusionándose para dar como resultado sabiduría.
Acompañada y guiada en cada instante, disfrutando de mi propia conexión.
Siendo el mayor regalo que me podía encontrar en el camino.
Falta atreverme a saltar a mi vacío interior y descubrir qué hay en él.
¿Lo conseguiré?
Algo me dice que sí.