«Abuela» hice una breve pausa tomando aire, «¿Cómo equilibrar la dualidad de mi interior?» Con esa leve sonrisa que le corresponde pero llena de amor me respondió mirando al horizonte.
“Dulce flor, el temor no reside en la oscuridad sino en la intención.
Ambas energías deben existir, creación y destrucción. Pero no es en sí, lo que se rompe sino el fin con el que se utiliza dicha energía.
Aprecias la luz después de largos días con nubes oscuras. Aprecias y amas la noche después de un largo día.
¿Qué es mejor? Ninguno lo es niña.
Vuestra acción marcará la dualidad y el barómetro de esa finalidad.
Si al destruir has deseado mal, si al ayudar a alguien lo has hecho para saciar tu ego, ¿qué tiene de bondad?
Razonar lo que pensáis y lo que decidís será nuestro indicador.
Tener luz no te asegura tener un corazón bondadoso.
Tener oscuridad no te sentencia ser un siervo del mal.
Equipáralo a una mera herramienta.
El fuego puede ayudarte a iluminar, a crear y a dar calidez. Sin embargo, puede quemar y de ese campo surgirán nuevos brotes para el terreno que se volvía estéril.
Si lo usas para quemar por celos o por rabia, no estás usando ninguna de sus buenas cualidades, le has dado importancia a su lado más cruel.
Vuestra elección está en las manos que portan la energía creadora y destructora.
La energía no es luminosa u oscura, simplemente es.
Acéptala, ámala y úsala.
Desde el corazón siempre un buen uso le puedes dar.
Los miedos son los que nos incitan a usar una hoja como arma.
Para evolucionar es necesario razonar para dejar atrás lo miedos y las actitudes dañinas, no para que suprimáis vuestra oscuridad.
Ella os mostrará hasta donde podéis brillar.”