“Del mismo modo que una luz que se enciende y se apaga.
El amor es lo más complejo que tenemos, pues pocos lo comprenden de verdad.
Confiar en que siempre estará ahí para nosotros, pues somos nosotros mismos quienes tenemos acceso.
El miedo sólo es una protección ficticia que nos ponemos a nuestro andar. Dándonos la sensación de seguridad.
Pues lo que más miedo nos da es dar sin recibir. Pero cuando descubrimos que no hay vacío es cuando nos damos cuenta que podemos amar sin perder.
Compartir lo que tenemos para disfrutar al lado del otro.
Cuando te sientes completo, sin comparar o si aquel tiene más, es cuando empiezas a amar.
¿Para qué quieres acumular si no lo vas a saber valorar?
El amor no se puede contabilizar, pues en sí es infinito.
Somos nosotros quienes contamos en cantidad de veces qué damos, pero, ¿conocemos su verdadero valor?
El acto más pequeño puede abrir y conmover más corazones que todas las riquezas del reino.
Apreciar que aquello que comparte la otra persona tiene el mismo valor que lo nuestro.
No por cantidad ni por veces. Sino por el conjunto de todo.
Comprender que el otro es de un modo, que es diferente a nosotros y vive en otras condiciones. Y ve el mundo con otros ojos.
No el más formado sabrá amar más, no el que más tiene amará mejor.
El amor no clasifica.
¿Cómo se podría hacer?
Sólo se puede amar de una manera y es compartiendo, aceptando, respetando y agradeciendo.
El resto de amores que conocéis muestran un interés, un miedo, un vacío.
Venís aquí para aprender y para eso debéis perder.
Complicado es recuperar aquello que te quitaron en algún momento de la vida, aquella marca que tienes en tu alma y vienes a sanar.
Trabajando lo puedes recuperar, y para eso deberás afrontar tus mayores miedos y llegar a confiar en que nada malo te sucederá por volver a amar.
Pues los miedos de ese dolor crean otros, y se van superponiendo hasta que, la primera herida queda enmascarada por una serie de inseguridades que tenemos que quitar.
Duele y dolerá rebuscar entre las heridas, pero cuanto más intentas avanzar más cuenta te das de la verdad.
Como una medicina que su amargo sabor te hace rechazarla, pero si la bebes verás como después la herida empieza a sanar.
No todos dispuestos están, pues dura es la verdad.
Y siempre creerán que es mejor esta falsa realidad.
Ese es vuestro libre albedrío.
Decidir si queréis este camino o el que os formáis vosotros mismos.
No es mejor ni peor el que sigue uno u el otro.
Pues de todo se ha de aprender.
Aunque finalmente veréis que no es el más hermoso ni el más tranquilo el mejor camino.
El más recto tiene piedras y púas en el camino, pero llega siempre a su destino.
El otro sólo os hará dar vueltas y nada más.”