“¿Qué ocurre hija?”
Alicaída por los pensamientos que se le acumulaban, sin saber por donde empezar. Finalmente con un suspiro se atrevió a pronunciar aquellas palabras que rondaban por su mente, “¿Cómo lo hago para que el ego no tome el control?”
“Ay, niña. Cuan complejo parece lidiar con uno mismo, ¿verdad?
Sin embargo, es fácil.
Tan sólo te has de fijar en lo que sientes cuando das de corazón. Esa necesidad de darle al otro sabiendo que tú mismo no lo necesitas, porque puedes acceder a ello cuando quieras.
En el momento en que tu mente se pone en marcha y piensas, haré esto y lo otro, entonces estás actuando para tu propio orgullo, no por bien al otro desde el corazón.
Pero no temas niña, por las acciones egoístas que puedas cometer.
¿Quién está libre de ello?
El tiempo y el trabajo es lo que a la larga consigue sobrellevar y sacarle el verdadero partido al ego.
Pero para eso queda mucho mi niña.
Ten paciencia y sigue tu corazón. Bien contento está de que por fin le empieces a escuchar sin tanto temor.
A muchos has y habrás de ayudar, y lista deberás estar. Sigue trabajando que bien lo haces.
Pulir una joya lleva su tiempo, pero antes de ello debes darle la forma que querrás tener. Saber de verdad como quieres ser.
Esa será tu raíz, tu seguridad, cuando dudes y nadie a tu alrededor pueda estar.”