“Que tan bella es la espera cuando uno se siente completo.
Un encuentro fortuito puede tener la misma belleza que un amanecer sin nube alguna.
Cuando se deja de esperar, desaparece el dolor.
Uno comprende que dejó de importar cuando las cosas han de suceder.
Ocupando el tiempo en llenarse de uno mismo con aprendizajes, aficiones y descanso.
Compartir el tiempo y los instantes con las personas que de verdad amaras.
Con los años se descubre el tiempo perdido en personas vacías que sólo buscaban alguien que les hiciera compañía o les escuchara.
Pocas personas en realidad estarán contigo para compartir. Más preocupados por sus problemas y miedos seguirán los demás.
Una risa sutil y hermosa de corazón se produce cuando haces las paces con tu sombra, cuando la aceptas deja de buscar tu atención y vuelve a formar simplemente parte de ti.
Feliz es quien poco necesita porque ha comprendido que el vacío que sentía deja de existir pues la llena consigo mismo.
Sin esperar o depender que otro llene el hueco.
Miles de palabras puedes conocer, decenas de conocimientos puede albergar tu mente por completo. Y aun así sigues sin ser capaz de transmitir.
Poderoso es aquel que habiendo o trabajando en sí, se encuentra, alza la voz y con una única palabra, derriba barreras.
Todos poseéis barreras que vuestro ego alzó para aislaros del dolor, sin embargo, jamás os separó del dolor real.
Atrapados con vuestro enemigo, pero de cara al público muestran una ferviente faceta.
Entonces es cuando llega alguien, aparentemente menos poderoso, y toca la brecha que nadie ve y todo empieza a derrumbarse.
De repente la fachada desaparece, siendo como una ilusión en el desierto que se desvanece como el oasis que busca el sediento.
Contemplando por primera vez los ojos de un niño lleno de temor, que sigue sin comprender qué ocurre, y sólo quiere que alguien le tienda la mano.
Date cuenta de tal habilidad y úsala con bondad. Des-estructurarás lo que no se puede derribar en apariencia y les mostrarás su verdadera faceta.”