La joven se acercó, de nuevo, al tocón; este daba a una preciosa pradera llena de verdor. Allí sabía que encontraría respuestas para esa mente que daba vueltas sin cesar, con la sensación de que una afilada daga laceraba su fina piel. Se quedó en silencio unos instantes; al poco tiempo alguien se acercó. Era…