La anciana se acercó a la joven, estaba hecha un ovillo con lágrimas silenciosas en aquellos hermosos ojos. La frágil mano de la mujer acariciaba su larga cabellera que caía en cascada sobre el cuerpo de la joven, sonriendo para sí misma, recordando, bendita y dichosa juventud que nos remueve a todos. Mi niña rebelde…